Una historia por contarar
Quizás no soy Benedetti, mucho menos un Pablo Neruda.
Sin embargo, hoy vengo con mi alma desnuda para decirte lo siguiente.
Te robas mis frases, mis palabras y mis versos, te llevas mi aliento y siento que muero.
Muero en silencio al tratar de expresar esto tan enorme que siento.
Aunque mis labios estén completamente sellados, recuerda que hay muchas más formas de entender todo aquello que cayó.
Por ejemplo, mi mis manos. Tiemblan sin pata al tocar las tuyas.
Mira mi rostro, se ilumina sin pata ante la mirada perpleja de tu hermosura.
Pero fíjate detenidamente por unos segundos en mis ojos. Ellos tienen esa historia que contar.
No es el simple acto de mirar, no, es saber interpretar.
JAG 2025
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